Siempre ahí, siempre vigilantes. Desde antes de nuestro planeta y seguro después de él. Las estrellas. Cautivadoras de todo aquel que se atreva a mirarlas. Su centelleo es definitivamente hipnotizante y cautivador. El problema viene cuando te atreves a utilizar un telescopio y apuntar a uno de aquellas estrellas brillantes y errantes, máxime cuando es el padre de los dioses a quien te atreves a mirarlo a los ojos. Es entonces cuando te das cuenta que ese telescopio es un instrumento que te saca de la tierra y te lleva “años luz” lejos de aquí, de nuestra querida Tierra. Es definitivamente un elemento de teletransportación a lugares que te llenan de sentimiento cósmico.

Vamos a dar una vuelta…