Descubriendo otras conexiones con los aviones

Luego de seguramente lanzar el Sirius por miles de veces y de seguramente golpearlo contra objetos que fueron deteriorando el borde de ataque, encontré otra forma que me conectaría con los aviones. Esta vez en forma de modelos plásticos a escala. Recuerdo que fue un encuentro casual mientras acompañaba a mi madre a efectuar algunas diligencias y mientras ella era atendida por alguien del almacén en el que nos encontrábamos, allí estaba, detrás de la vitrina. Una caja en la que se podían ver algunas piezas al interior de ella que no lograba descifrar, pero en los bordes de la caja se podía apreciar un avión. Maravillado por tal descubrimiento y que aun en ese momento no sabía qué era, pregunté “¿Qué es eso? ¿lo de ese avión en esa caja?” señalando con el dedo índice de mi mano derecha. La respuesta era justo lo que esperaba. “Eso es un avión para armar”. De inmediato, dije “¡Lo quiero!” aunque nunca había armado ninguno, así que le esperaba un poco de trabajo a mi padre quien me explicaría cómo atravesar este nuevo reto. Y finalmente lo que nos llevamos a casa fue lo que aparece en esta imagen:

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Luego de este Mustang, vinieron muchos otros durante muchos años. Cada vez mejorando los detalles de armado, pintura y detalles. Debo revisar bien mis cajones de San Alejo, pues seguro tengo algunas cajas que contienen modelos en espera de su turno de armado. Dentro de los que recuerdo haber armado y seguro se me escapan varios, están:

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Bien interesante este episodio con mi primer avión a escala para armar, pues con el pasar del tiempo, se convirtió en mi avión favorito de la segunda guerra mundial. Este es el famoso Mustang P51D, aquel que que se hace sentir hasta los huesos con su motor Rolls-Royce Merlin. Es este avión, el Mustang P51D, a quien la vida me ha permitido verlo de cerca, tocarlo, aun me falta volar en uno de ellos, espero algún día pueda cumplirlo. Mi encuentro más reciente con uno de ellos quedó plasmado de la siguiente manera

Mustang P51D - PeachTree, GA, 31-Oct-2015

y de cómo se tejió mi ADN

¿Dónde comienza todo este viaje? Tal cómo Ícaro y Dédalo. Siendo hijo de un Instructor de Aviación de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) aficionado al aeromodelismo y muchos otros hobbies, siendo sobrino de un Técnico Aeronáutico también de la FAC, también con aficiones fuera de lo común para mi época, pues eso era definitivamente un caldo de cultivo para que aquello que venía en mi ADN se pudiera desarrollar como parte fundamental de mi. Desde que tengo uso de razón en mi cerebro se han almacenado definiciones de Sustentación, Peso, Empuje y Resistencia, elementos básicos de todo artefacto que surca los aires, aquellas fuerzas enigmáticas que comienza a descifrar Leonardo (DaVinci) y que finalmente pueden dominar Wilbur Orville Wright así como también Alberto Santos-Dumont, de quienes hablaré seguramente en futuras publicaciones.

Siendo muy niño no es muy lógico que uno se pueda interesar por las definiciones técnicas de lo que son cada uno de los complejos términos aeronáuticos, así que mi padre decidió regalarnos a mi hermano y a mí, un par de aviones que se ensamblaban y quedaban listos para volar. Aviones de vuelo libre, lo que quiere decir que los lanzas y no hay un control del avión durante su corto vuelo y debemos ir por él al lugar donde haya decidido aterrizar. Dependiendo de las condiciones del viento, este lugar puede ser a muy pocos metros o a varias decenas de ellos. Retornando a esta primera aventura, armamos los aviones (aunque debería decir que la labor de ensamble la realizó mi padre, aprendiendo las bases de dicha tarea) y fuimos a volarlos muy cerca de nuestra casa y creo que fue una experiencia que marcó las vidas de mi hermano y la mía, pues desde dicho punto y hora, ya la tierra es solo ese espacio temporal entre vuelo y vuelo, tal como tituló Richard Bach uno de sus libros y uno de mis favoritos, Ajeno a la Tierra.

Luego de una extensa búsqueda en Internet, pude encontrar el avión protagonista de esta publicación. El Sirius, fabricado por la empresa italiana Quarcetti. Lo que también pude enterarme con esta búsqueda, es que la misma compañía aún produce el avión pero con algunas evoluciones. El Sirius II, así que es probable que la tradición sea otorgada a la siguiente generación y sean mis hijos los portadores de esta nueva versión. Y por supuesto, como piloto, pues me haré a uno para dar un paseo y seguir siendo “Ajeno a la Tierra”.