y de cómo se tejió mi ADN

¿Dónde comienza todo este viaje? Tal cómo Ícaro y Dédalo. Siendo hijo de un Instructor de Aviación de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) aficionado al aeromodelismo y muchos otros hobbies, siendo sobrino de un Técnico Aeronáutico también de la FAC, también con aficiones fuera de lo común para mi época, pues eso era definitivamente un caldo de cultivo para que aquello que venía en mi ADN se pudiera desarrollar como parte fundamental de mi. Desde que tengo uso de razón en mi cerebro se han almacenado definiciones de Sustentación, Peso, Empuje y Resistencia, elementos básicos de todo artefacto que surca los aires, aquellas fuerzas enigmáticas que comienza a descifrar Leonardo (DaVinci) y que finalmente pueden dominar Wilbur Orville Wright así como también Alberto Santos-Dumont, de quienes hablaré seguramente en futuras publicaciones.

Siendo muy niño no es muy lógico que uno se pueda interesar por las definiciones técnicas de lo que son cada uno de los complejos términos aeronáuticos, así que mi padre decidió regalarnos a mi hermano y a mí, un par de aviones que se ensamblaban y quedaban listos para volar. Aviones de vuelo libre, lo que quiere decir que los lanzas y no hay un control del avión durante su corto vuelo y debemos ir por él al lugar donde haya decidido aterrizar. Dependiendo de las condiciones del viento, este lugar puede ser a muy pocos metros o a varias decenas de ellos. Retornando a esta primera aventura, armamos los aviones (aunque debería decir que la labor de ensamble la realizó mi padre, aprendiendo las bases de dicha tarea) y fuimos a volarlos muy cerca de nuestra casa y creo que fue una experiencia que marcó las vidas de mi hermano y la mía, pues desde dicho punto y hora, ya la tierra es solo ese espacio temporal entre vuelo y vuelo, tal como tituló Richard Bach uno de sus libros y uno de mis favoritos, Ajeno a la Tierra.

Luego de una extensa búsqueda en Internet, pude encontrar el avión protagonista de esta publicación. El Sirius, fabricado por la empresa italiana Quarcetti. Lo que también pude enterarme con esta búsqueda, es que la misma compañía aún produce el avión pero con algunas evoluciones. El Sirius II, así que es probable que la tradición sea otorgada a la siguiente generación y sean mis hijos los portadores de esta nueva versión. Y por supuesto, como piloto, pues me haré a uno para dar un paseo y seguir siendo “Ajeno a la Tierra”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *